El encargo consiste en la división de una casa unifamiliar de mediados del siglo XX para acomodar a dos familias. Rodeada por un jardín con diferentes terrazas que ayudan a salvar el pronunciado desnivel del terreno, tiene el acceso principal en la cota más alta y un segundo acceso en la cota inferior. Las cuatro plantas, una de ellas en semisótano, estaban organizadas a partir de la yuxtaposición sin jerarquía de habitaciones de distintos tamaños conectadas entre sí, algunas de las cuales de una cierta elegancia –amplias, simétricas y con grandes aberturas.
El proyecto se apoya en la matriz original superponiendo una nueva jerarquía de espacios que resuelven las especificidades técnicas y programáticas de cada nuevo uso, los cuales se acumulan como un poché en los perímetros, camuflando las intervenciones y definiendo la forma del vacío a partir de la apropiación de algunas geometrías y caligrafías existentes. La aplicación de un mismo color en todos los planos refuerza el valor del espacio frente a los elementos que lo componen, mezclando lo nuevo y lo antiguo con intencionada ambigüedad.
























