El antiguo Torrent del Capellà, modelado por las escorrentías de la cuenca forestal de Can Deu, funcionó en su día como un corredor ecológico vital, atravesando los barrios del norte de la ciudad antes de desembocar en el río Ripoll. Tomando esta preexistencia física y cultural como marco de referencia, P.A.R.C. propone la restauración del curso original del arroyo, redefiniendo el flujo del agua de lluvia mediante un sistema de balsas de retención interconectadas—nodos húmedos que favorecen el restablecimiento de la flora y fauna autóctonas.
El proyecto prioriza el paisaje como infraestructura, resistiendo la presión del desarrollo urbano y buscando transformar el borde periurbano con una intervención mineral mínima. A través de operaciones topográficas sobre el terreno original, se define un proceso constructivo que implica el desbroce, la selección y el cribado de tierras depositadas—materiales acumulados durante décadas de construcciones autogestionadas que habían sepultado el lecho del torrente bajo escombros. Estas tierras nativas se reensamblan en muros aluviales compactados, caracterizados por su capacidad de erosión continua, una condición definitoria del paisaje local.
Distribuidos a lo largo del sitio, estos taludes de tierra generan una red de espacios horizontales y acústicamente resguardados, que ofrecen diferentes grados de intimidad y orientación espacial. Esta estrategia material y espacial recupera dos elementos esenciales del paisaje histórico: el curso del agua, con sus estanques encadenados de escorrentía, y la condición sedimentaria y expresiva de sus límites.
La vegetación del parque se plantea en consonancia con las nuevas oportunidades geográficas generadas por los movimientos de tierra. En la cota baja se sitúa el bosque de ribera, plantado en retícula, generando un dosel denso de fresnos, tilos y olmos, que proporciona una sombra tamizada y fresca para los paseos de verano, permitiendo al mismo tiempo el paso del calor del sol durante el frío del invierno.
El bosque mediterráneo aparece en las cotas más altas del proyecto y en los taludes, en contraste con el bosque de ribera, y se planta en bosquetes. El estrato arbóreo está dominado por el pino piñonero y el pino silvestre, conformando un dosel típico del bosque mediterráneo. Este se complementa con especies caducas como el almez, la melia y la tipuana, más presentes en las zonas activas, aportando riqueza estacional.




























