Estamos asistiendo a un cambio de paradigma que deja atrás más de cinco siglos de antropocentrismo. En arquitectura, esto implica situar la sostenibilidad y la ecología en el centro del proyecto, ya no como añadidos, sino como motores fundamentales del diseño. La arquitectura debe facilitar una coexistencia equilibrada entre los sistemas naturales y los construidos.
La propuesta para el Castillo de Hostalric se enmarca en esta visión. La intervención transforma la fortaleza en un ecosistema urbano, articulado mediante un conjunto de “islas” de biodiversidad y nodos de actividad humana. El paisaje deja de ser un fondo visual para convertirse en un sistema activo que conecta naturaleza, historia y sociedad.
La estrategia arquitectónica es mínima y respetuosa. Una nueva estructura de madera, reversible y ligera, dialoga con la solidez de la arquitectura patrimonial en piedra. Este contraste material permite intervenir sin alterar el edificio existente, limitándose a acciones de consolidación, mejora funcional (accesibilidad, ventilación, iluminación natural, eficiencia energética) y conservación, sin reconstrucciones que alteren su memoria.
El comportamiento energético guía toda la intervención. Se priorizan los sistemas pasivos: se aprovecha la inercia térmica del edificio, su estanqueidad y una nueva cubierta acristalada en el atrio, que acumula calor en invierno y permite ventilación cruzada en verano gracias a aberturas superiores que actúan como chimeneas. El sistema activo de climatización, basado en bomba de calor, está sectorizado para un uso flexible, y se complementa con una instalación fotovoltaica orientada a la autosuficiencia energética a largo plazo.





