Memoria de la antigua finca agrícola que fue, Can Garcini es hoy un pequeño oasis en el denso tejido urbano del Guinardó. El proyecto, más allá de la recuperación, ampliación i programación del antiguo edificio, ha de conectar ese verde con la ciudad. Situado al final del Passatge de Llívia, eje cívico del barrio, se reorganiza el acceso con una entrada principal en la cota superior, conectada mediante una escalinata con la planta baja. La parte posterior del jardín deja de ser un ‘detrás’ para acoger un nuevo acceso, abierto hacia una futura plaza en la fachada norte.
La intervención interior se basa en la estructura original de cuatro crujías, con las salas organizadas alrededor del ascensor central, lo que reduce recorridos y elimina pasillos. Junto a la masía y la torre existentes, la ampliación se plantea como un nuevo volumen construido dentro del conjunto: un cubierto. Bajo él, el programa se organiza en dos niveles independientes con una distribución similar. Dos salas diáfanas, accesibles desde cada cota del jardín: la sala de actos en planta baja, pensada como una extensión del exterior, y el aula equipada en la planta superior, que también puede funcionar como sala polivalente.
El jardín se divide en dos plataformas horizontales. La zona inferior es una plaza soleada de sauló; la superior, parcialmente pavimentada, funciona como paseo entre huertos y árboles con sombra. En cuanto a la vegetación, se mantiene el carácter ecléctico del jardín original, incorporando especies autóctonas como cipreses y fresnos junto con especies adaptadas como la palmera canaria o la tipuana. El nuevo jardín se estructura en cuatro zonas: un talud mediterráneo, un huerto aromático, una zona húmeda con flora acuática, y un bosque florido junto a la rampa, con la variedad de crisantemo blanco “Gracieta”, creada por los antiguos floristas que vivían en la finca.






